1PE 1:10-12 RVR1960
"Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles."
El mensaje de la gracia es iluminador, revelacional y profético. No es un mensaje flojo, sino poderoso en el Espíritu Santo. Se trata de la palabra de fe que predicamos, es el mensaje que había estado oculto por los siglos de los siglos, pero que ahora ha sido revelado a los santos.
Las cosas que ojo no vio ni oído oyó, pero que Dios ha preparado para los que le aman, consiste en la revelación de las riquezas de su abundante gracia. Es en este mensaje donde se encuentra la sabiduría de Dios, la revelación de Jesucristo; es también la locura de la predicación de la obra de la cruz y de la bendita gracia inmerecida.
Los creyentes somos los destinatarios del mensaje profético, que no es otro que el mensaje de nuestra salvación.
Son los profetas de Dios los que comunican la palabra de una salvación y provisión totalmente gratuitas. Ellos profetizaron refiriéndose a ella de manera muy específica.
Ahora es igual con aquellos que son ministros de Dios, más, cuando estamos viviendo justo en su dispensación; ellos deben ser fieles en predicar sin ningún temor o vergüenza acerca de ésta gracia salvadora.
Los predicadores tienen la obligación de inquirir e indagar con diligencia el mensaje de la gracia, para luego proclamarlo.
El Espíritu de Cristo es el Espíritu de la palabra profética de gracia, que nos habla de los sufrimientos del Señor, de su sacrificio y de la gloria preparada para nosotros los creyentes.
El mensaje del favor inmerecido de Dios está fundamentado en los sufrimientos del Señor y en su gloriosa herencia. No son nuestros padecimientos, ni nuestras obras las que nos dan acceso a la gracia del Señor, sino sus padecimientos.
La palabra profética de la gracia es un mensaje de salvación total, y de ninguna manera es de condenación y juicio.
La palabra profética de la gracia consiste en el anuncio del completo Evangelio por el poder del Espíritu Santo.
Algunos opinan erroneamente, que la gracia y la predicación de la misma es insegura, y que ésta invita a los creyentes al libertinaje y a una vida moral y espiritual relajada. Sin embargo como observamos en la palabra de Dios y en estas reflexiones, nada está más lejos de la verdad. El mensaje de la gracia es seguro, y da más garantias en su cumplimiento que todas las normas, leyes, y restrinciones juntas que se les puedan imponer a los creyentes.
2 Pedro 1:19 RVR1960
"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;"
Como siervos de Dios debemos profetizar al mundo y a los creyentes que en la gracia de Dios hay provisión, poder, capacidad y recursos apropiados y suficientes para vivir conforme a la voluntad del Señor. Es necesario que proclamemos la fe en el evangelio de la gracia, que no es otro que el de la obra suficiente de Jesucristo.
Muchos predicadores, obreros cristianos y pastores ponen infinidad de condiciones y normas a las personas, para que sean salvas y reciban las bendiciones de Dios, y logren hacer su voluntad. Pero la única condición que Dios ha puesto es que creamos en su amado hijo Jesucristo y que creyendo vivamos por su vida.
Usted puede hacer todo cuanto su religión le exija, pero si aún no está viviendo por fe en la gracia de Dios, conforme a la provisión de Cristo, es imposible que usted agrade al Señor.
La palabra profética de la gracia sentencia a nuestro ego, a nuestra vanagloria, y a nuestra religiosidad carnal al más absoluto fracaso, y nos lleva a una dependencia por fe en la obra de Cristo y la justicia de Dios.
Resumo diciendo, que los creyentes somos los destinatarios de la infinita y sin medida gracia de Dios que consiste en la provisión suficiente y poderosa para nuestra salvación. Que estamos en el tiempo, hora y dispensación de esta gracia que fue anunciada por los profetas mediante el Espíritu de Cristo. Y que el fundamento de esta gracia son los sufrimientos de Cristo padecidos en su vida y muerte en la cruz, así como todas las riquezas de su gloria que nos son otorgadas mediante su resurrección.
El mensaje de gracia no es otro que el anuncio de las buenas noticias del evangelio efectuado por el Señor y los apóstoles mediante el poder del Espíritu Santo. Mensaje consistente en cosas que Dios tenía reservadas y que aún los ángeles se asombran y anhelan contemplar.
El mensaje profético de la gracia se cumple en aquellos que lo creen, puesto que es la verdad de Dios, y ambas, la gracia y la verdad se apoyan en la fidelidad de Dios. Es decir, que se trata de una palabra fiel y digna de ser recibida por todos, como bien afirmó el apóstol Pablo.
Mensajes biblicos y reflexiones sobre la vida espiritual que me están ayudando a crecer y madurar integramente como persona y creyente, así como en el conocimiento de Dios. Un granero repleto de semillas espirituales. Una fuente de revelación y de tesoros que pertenecen al reino del Señor.
jueves, 19 de febrero de 2015
jueves, 12 de febrero de 2015
LA BUSQUEDA INTERNA DE DIOS
S. Lucas 17:20-21 RVR1960
"Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros."
No hay un lugar físico determinado donde sea necesario ir a encontrarse con Dios. Los que conocen de verdad al Señor y experimentan su reino no te enviarán a un lugar particular, ni postergarán un encuentro con él a una circunstancia especial y programada.
Esta demora para conocer a Dios les encanta promoverla a muchos predicadores de hoy, sencillamente porque ellos quieren ser el centro de atención.
Postergar la manifestación de Cristo, de su reino o de su presencia en nuestras vidas a circunstancias futuras es limitar su gracia.
El Reino de Dios se ha acercado a la humanidad por medio de Jesucristo y ya está entre nosotros y dentro de cada creyente. De modo que decir que está en tal o cual lugar o que estará especialmente en tal celebración o reunión multitudinaria o concierto o conferencia sobra por completo.
Cualquier creyente puede experimentar plena y profundamente la presencia de Cristo o manifestación de su reino en su búsqueda privada.
La realidad de un reino de Dios inconmobible y eterno profetizada por Abraham, los patriarcas bíblicos, los profetas, Jesús y sus apóstoles, la tenemos ahora gracias al nuevo pacto en Jesucristo. El Rey de reyes y Soberano Señor nos ha traído su reino y lo ha establecido entre nosotros, Emanuel el Señor está presente.
En esta búsqueda interna del Señor partimos de este fundamento y hecho verdadero, el cual debemos creer, que el Señor está presente. Somos morada de Dios en el Espíritu.
Pienso que se nos ha enseñado e insistido en que hagamos una búsqueda externa de Dios, mediante experiencias físicas y sensaciones emocionales.
Se nos ha llevado a poner todos nuestros sentidos enfocados hacia afuera y en dependencia del cuerpo y las señales exteriores.. Sin embargo, las experiencias con Dios son espirituales y profundas, nunca superficiales.
Asemejo la busqueda de Dios y el intento de contactar con él por parte de muchos creyentes como si se quisiese conectar con una emisora de radio o televisión a través de una antena. Cada creyente extiende su antena de más o menos alcance intentando conectar, se mueven hacia un lado y hacia otro, gritan, cantan, ayunan y hacen mil cosas para contactar con Dios en el espacio exterior, van a conciertos, campañas y conferencias para mendigar un poco la presencia anhelada. Pero la gran mayoría lo único que experimentan es un toque emocional pasajero.
La gran mayoría de creyentes a pesar de llevar años leyendo la biblia, asistiendo a reuniones y leyendo libros, aún no han entendido que Dios no se experimenta enfocandonos hacia afuera, sino volviendonos hacia adentro en nuestro espíritu, es ahí donde el Señor se encuentra. Cristo habita en el corazón de todos aquellos que han creído en él y lo han recibido como su salvador y Señor.
Es cierto, que los cristianos saben que al Señor hay que recibirlo en el corazón, y que una vez hecho eso venimos a ser un templo de Dios, sin embargo, en la práctica de la oración y busqueda diaria de Dios tanto individual como en grupo miramos hacia afuera para dar con su presencia.
Según la palabra, el reino de Dios está entre nosotros, es decir, dentro de nuestro ser, morando en nuestro interior. Luego si él está dentro, por qué buscarlo fuera. Esta sencilla, pero profunda verdad puede transformar por completo nuestras vidas haciendonos experimentar la presencia de Dios y permanecer en ella de una forma constante.
Esperimentar la presencia de Dios es fácil cuando comprendemos que el está tan cerca y tan intimamente conectado a nuestro espíritu. Podríamos decir que el gran secreto de Pablo, de Pedro, de todos los apóstoles, incluso del mismo Señor Jesús, era saber que Dios moraba en ellos y que era ahí donde había que relacionarse y tener comunión con Él.
S.Juan 14:18-20, 23-24 RVR1960
"No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros........... Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió."
"Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros."
No hay un lugar físico determinado donde sea necesario ir a encontrarse con Dios. Los que conocen de verdad al Señor y experimentan su reino no te enviarán a un lugar particular, ni postergarán un encuentro con él a una circunstancia especial y programada.
Esta demora para conocer a Dios les encanta promoverla a muchos predicadores de hoy, sencillamente porque ellos quieren ser el centro de atención.
Postergar la manifestación de Cristo, de su reino o de su presencia en nuestras vidas a circunstancias futuras es limitar su gracia.
El Reino de Dios se ha acercado a la humanidad por medio de Jesucristo y ya está entre nosotros y dentro de cada creyente. De modo que decir que está en tal o cual lugar o que estará especialmente en tal celebración o reunión multitudinaria o concierto o conferencia sobra por completo.
Cualquier creyente puede experimentar plena y profundamente la presencia de Cristo o manifestación de su reino en su búsqueda privada.
La realidad de un reino de Dios inconmobible y eterno profetizada por Abraham, los patriarcas bíblicos, los profetas, Jesús y sus apóstoles, la tenemos ahora gracias al nuevo pacto en Jesucristo. El Rey de reyes y Soberano Señor nos ha traído su reino y lo ha establecido entre nosotros, Emanuel el Señor está presente.
En esta búsqueda interna del Señor partimos de este fundamento y hecho verdadero, el cual debemos creer, que el Señor está presente. Somos morada de Dios en el Espíritu.
Pienso que se nos ha enseñado e insistido en que hagamos una búsqueda externa de Dios, mediante experiencias físicas y sensaciones emocionales.
Se nos ha llevado a poner todos nuestros sentidos enfocados hacia afuera y en dependencia del cuerpo y las señales exteriores.. Sin embargo, las experiencias con Dios son espirituales y profundas, nunca superficiales.
Asemejo la busqueda de Dios y el intento de contactar con él por parte de muchos creyentes como si se quisiese conectar con una emisora de radio o televisión a través de una antena. Cada creyente extiende su antena de más o menos alcance intentando conectar, se mueven hacia un lado y hacia otro, gritan, cantan, ayunan y hacen mil cosas para contactar con Dios en el espacio exterior, van a conciertos, campañas y conferencias para mendigar un poco la presencia anhelada. Pero la gran mayoría lo único que experimentan es un toque emocional pasajero.
La gran mayoría de creyentes a pesar de llevar años leyendo la biblia, asistiendo a reuniones y leyendo libros, aún no han entendido que Dios no se experimenta enfocandonos hacia afuera, sino volviendonos hacia adentro en nuestro espíritu, es ahí donde el Señor se encuentra. Cristo habita en el corazón de todos aquellos que han creído en él y lo han recibido como su salvador y Señor.
Es cierto, que los cristianos saben que al Señor hay que recibirlo en el corazón, y que una vez hecho eso venimos a ser un templo de Dios, sin embargo, en la práctica de la oración y busqueda diaria de Dios tanto individual como en grupo miramos hacia afuera para dar con su presencia.
Según la palabra, el reino de Dios está entre nosotros, es decir, dentro de nuestro ser, morando en nuestro interior. Luego si él está dentro, por qué buscarlo fuera. Esta sencilla, pero profunda verdad puede transformar por completo nuestras vidas haciendonos experimentar la presencia de Dios y permanecer en ella de una forma constante.
Esperimentar la presencia de Dios es fácil cuando comprendemos que el está tan cerca y tan intimamente conectado a nuestro espíritu. Podríamos decir que el gran secreto de Pablo, de Pedro, de todos los apóstoles, incluso del mismo Señor Jesús, era saber que Dios moraba en ellos y que era ahí donde había que relacionarse y tener comunión con Él.
S.Juan 14:18-20, 23-24 RVR1960
"No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros........... Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió."
martes, 10 de febrero de 2015
ASEGURESE DE CONOCER AL SEÑOR
1 Juan 2:3-6 RVR1960
"Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo."
La seguridad y garantía de que conocemos a Dios la da la experiencia subjetiva de guardar sus mandamientos. El saber en Dios implica un testimonio interno de la verdad por el Espíritu que se ha hecho carne en nuestro ser.
Esto quiere decir, que si estamos guardando su palabra es debido a que hemos profundizado lo suficiente en la revelación de Dios, y que su gracia está obrando en nuestra vida. De otra manera sería imposible que nadie pudiera guardar la palabra del Señor por sus propios medios y fuerza de voluntad.
No obstante, aunque se nos habla de guardar sus mandamientos, no debemos entender que el escritor está refiriendose al antiguo pacto o ley mosaica. De hecho, en el antiguo pacto, el pueblo que guardaba la ley no conocía al Señor ni tenía la capacidad de guardar u obedecer en su totalidad los mandamientos prescritos.
Veamos cuáles son entonces los mandamientos que debemos guardar.
1JN 3:23-24 RVR1960
"Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado."
Cuando conocemos a Dios nos embarga la consciencia de que lo estamos agradando; y viceversa, cuando estamos agradando al Señor sabemos que le conocemos.
Juan dice muy claramente cuales son los mandamientos que los cristianos debemos guardar y obedecer "Que creamos en el nombre de su hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado"
Un creyente es maduro espiritualmente cuando guarda la palabra del Señor, lo cual implica que el amor de Dios se ha perfeccionado en él; y el amor es el fruto por exelencia de toda persona que conoce a Dios.
Los que no guardan el mandamiento de la fe y no aman a sus hermanos se engañan así mismos y no han conocido a Dios ni la verdad.
Leamos otra vez nuestro pasaje de primera de Juan, pero hagámoslo en la versión de la biblia Dios habla hoy:
1 Juan 2:3-6 DHH
"Si obedecemos los mandamientos de Dios, podemos estar seguros de que hemos llegado a conocerlo. Pero si alguno dice: «Yo lo conozco», y no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no hay verdad en él. En cambio, si uno obedece su palabra, en él se ha perfeccionado verdaderamente el amor de Dios, y de ese modo sabemos que estamos unidos a él. El que dice que está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo."
La interpretación que suelen dar la mayoría de los creyentes al versículo seis "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo." es que debemos imitar las obras del Señor y hacer todo cuanto él hizo. Sin embargo, esa no es una lectura correcta del texto. Muchísimos creyentes viven frustrados porque no alcanzan a imitar al Señor en lo que él realizó.
En la traducción de la biblia DHH podemos vislumbrar con más profundidad el significado de lo que dice Juan: "El que dice que está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo." Juan habla de la unidad que los creyentes tienen con Dios y que necesariamente deben experimentar, si es que quieren vivir como Cristo vivió. Ahora bien, a lo que el apóstol se está refiriendo es a la vida mediante por la que Jesús vivió debido a su unidad con el Padre.
El plan de Dios es que vivamos por la vida y mediante la vida que Jesucristo vivió, y eso solo es posible por la unión espiritual que tenemos con el Señor.
S.Juan 6:56-57 RVR1960
El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí."
Jesús vivió por la vida del Padre que fluía en Él, del mismo modo el creyente vivirá por la vida que Jesús le suministra a través de la unión y comunión con Él.
"Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo."
La seguridad y garantía de que conocemos a Dios la da la experiencia subjetiva de guardar sus mandamientos. El saber en Dios implica un testimonio interno de la verdad por el Espíritu que se ha hecho carne en nuestro ser.
Esto quiere decir, que si estamos guardando su palabra es debido a que hemos profundizado lo suficiente en la revelación de Dios, y que su gracia está obrando en nuestra vida. De otra manera sería imposible que nadie pudiera guardar la palabra del Señor por sus propios medios y fuerza de voluntad.
No obstante, aunque se nos habla de guardar sus mandamientos, no debemos entender que el escritor está refiriendose al antiguo pacto o ley mosaica. De hecho, en el antiguo pacto, el pueblo que guardaba la ley no conocía al Señor ni tenía la capacidad de guardar u obedecer en su totalidad los mandamientos prescritos.
Veamos cuáles son entonces los mandamientos que debemos guardar.
1JN 3:23-24 RVR1960
"Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado."
Cuando conocemos a Dios nos embarga la consciencia de que lo estamos agradando; y viceversa, cuando estamos agradando al Señor sabemos que le conocemos.
Juan dice muy claramente cuales son los mandamientos que los cristianos debemos guardar y obedecer "Que creamos en el nombre de su hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado"
Un creyente es maduro espiritualmente cuando guarda la palabra del Señor, lo cual implica que el amor de Dios se ha perfeccionado en él; y el amor es el fruto por exelencia de toda persona que conoce a Dios.
Los que no guardan el mandamiento de la fe y no aman a sus hermanos se engañan así mismos y no han conocido a Dios ni la verdad.
Leamos otra vez nuestro pasaje de primera de Juan, pero hagámoslo en la versión de la biblia Dios habla hoy:
1 Juan 2:3-6 DHH
"Si obedecemos los mandamientos de Dios, podemos estar seguros de que hemos llegado a conocerlo. Pero si alguno dice: «Yo lo conozco», y no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no hay verdad en él. En cambio, si uno obedece su palabra, en él se ha perfeccionado verdaderamente el amor de Dios, y de ese modo sabemos que estamos unidos a él. El que dice que está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo."
La interpretación que suelen dar la mayoría de los creyentes al versículo seis "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo." es que debemos imitar las obras del Señor y hacer todo cuanto él hizo. Sin embargo, esa no es una lectura correcta del texto. Muchísimos creyentes viven frustrados porque no alcanzan a imitar al Señor en lo que él realizó.
En la traducción de la biblia DHH podemos vislumbrar con más profundidad el significado de lo que dice Juan: "El que dice que está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo." Juan habla de la unidad que los creyentes tienen con Dios y que necesariamente deben experimentar, si es que quieren vivir como Cristo vivió. Ahora bien, a lo que el apóstol se está refiriendo es a la vida mediante por la que Jesús vivió debido a su unidad con el Padre.
El plan de Dios es que vivamos por la vida y mediante la vida que Jesucristo vivió, y eso solo es posible por la unión espiritual que tenemos con el Señor.
S.Juan 6:56-57 RVR1960
El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí."
Jesús vivió por la vida del Padre que fluía en Él, del mismo modo el creyente vivirá por la vida que Jesús le suministra a través de la unión y comunión con Él.
jueves, 29 de enero de 2015
MUERTOS A TODA RELIGIOSIDAD
Colosenses 2:20-23 RVR1960
"Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne."
Los que han muerto en Cristo y han resucitado a una vida nueva viven bajo principios totalmente diferentes a los del mundo.
Existe una gran diferencia entre la religiosidad natural, es decir, la nacida del propio hombre, y la vida espiritual nacida de Dios. Los que viven una religión o cristianismo natural se fundamentan básicamente en ritos y formas exteriores, siguen formulas y dogmas que deben cumplir por sí mismos. Las tradiciones, y la sabiduría nacida del propio corazón de los hombres son su credo.
Los rudimentos del mundo lo constituyen toda una serie de doctrinas, fábulas, educación, cultura, valores y tradiciones heredadas que conforman la vida de todo ser humano. Tienen cierto sentido para el mundo, pero ningún valor para la vida espiritual. Como declaró el Señor, "lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es"
Todo lo que surge del corazón de los hombres es mera apariencia de piedad carente de autenticidad y poder espiritual.
Los creyentes fracasan en su vida espiritual cuando pretenden vivirla según los rudimentos del mundo. Las reglas, el orden del mundo, sus exigencia y sus formas nos ofuscan e impiden que experimentemos la vida cristiana en profundidad.
El apóstol hace referencia a mandamientos, doctrinas y preceptos, que pueden ser y son buenos, como los mandamientos y ordenanzas dados al pueblo de Israel, pero ni esos nos ayudarán a vencer el pecado, las pasiones carnales, ni los apetitos de la carne.
Es solo la obra de Cristo en el calvario y nuestra identificación con ella lo que nos llevará a una vida cristiana victoriosa. Es la fe en la provisión de Dios mediante su gracia lo que guiará a todo creyente a la vida espiritual triunfante.
Apropiese de la muerte de Jesús, crea que usted a muerto juntamente con él y experimentará un antes y un después en su conocimiento espiritual de Dios.
No arruine su vida cristiana, no entre en un circulo vicioso de fracasos limitandose a seguir un sin fin de normas, prohibiciones y reglas aparentemente piadosas que no le ayudarán a vivir delante de Dios. Viva en la fe del Hijo de Dios habiendose identificado con su muerte y resurrección.
Gálatas 2:19-21 RVR1960
"Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo."
Los que han sido crucificados con Cristo han muerto al pecado y a los rudimentos y valores del mundo. Ahora viven conforme a los principios del reino de Dios y por el poder del Espíritu que mora en ellos. Dependen total y exclusivamente de la vida de Cristo que fluye en su ser por la gracia de Dios.
Concluyendo, todo creyente en Cristo está muerto a las normas religiosas humanas, a la ley, y a toda forma de vida asceta como práctica de culto para intentar agradar a Dios. El creyente no tiene porqué someterse a ninguna práctica religiosa externa ni ritual para lograr agradar al Señor, sino identificarse con la muerte de Jesús y vivir para Dios en su nueva vida resucitada.
"Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne."
Los que han muerto en Cristo y han resucitado a una vida nueva viven bajo principios totalmente diferentes a los del mundo.
Existe una gran diferencia entre la religiosidad natural, es decir, la nacida del propio hombre, y la vida espiritual nacida de Dios. Los que viven una religión o cristianismo natural se fundamentan básicamente en ritos y formas exteriores, siguen formulas y dogmas que deben cumplir por sí mismos. Las tradiciones, y la sabiduría nacida del propio corazón de los hombres son su credo.
Los rudimentos del mundo lo constituyen toda una serie de doctrinas, fábulas, educación, cultura, valores y tradiciones heredadas que conforman la vida de todo ser humano. Tienen cierto sentido para el mundo, pero ningún valor para la vida espiritual. Como declaró el Señor, "lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es"
Todo lo que surge del corazón de los hombres es mera apariencia de piedad carente de autenticidad y poder espiritual.
Los creyentes fracasan en su vida espiritual cuando pretenden vivirla según los rudimentos del mundo. Las reglas, el orden del mundo, sus exigencia y sus formas nos ofuscan e impiden que experimentemos la vida cristiana en profundidad.
El apóstol hace referencia a mandamientos, doctrinas y preceptos, que pueden ser y son buenos, como los mandamientos y ordenanzas dados al pueblo de Israel, pero ni esos nos ayudarán a vencer el pecado, las pasiones carnales, ni los apetitos de la carne.
Es solo la obra de Cristo en el calvario y nuestra identificación con ella lo que nos llevará a una vida cristiana victoriosa. Es la fe en la provisión de Dios mediante su gracia lo que guiará a todo creyente a la vida espiritual triunfante.
Apropiese de la muerte de Jesús, crea que usted a muerto juntamente con él y experimentará un antes y un después en su conocimiento espiritual de Dios.
No arruine su vida cristiana, no entre en un circulo vicioso de fracasos limitandose a seguir un sin fin de normas, prohibiciones y reglas aparentemente piadosas que no le ayudarán a vivir delante de Dios. Viva en la fe del Hijo de Dios habiendose identificado con su muerte y resurrección.
Gálatas 2:19-21 RVR1960
"Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo."
Los que han sido crucificados con Cristo han muerto al pecado y a los rudimentos y valores del mundo. Ahora viven conforme a los principios del reino de Dios y por el poder del Espíritu que mora en ellos. Dependen total y exclusivamente de la vida de Cristo que fluye en su ser por la gracia de Dios.
Concluyendo, todo creyente en Cristo está muerto a las normas religiosas humanas, a la ley, y a toda forma de vida asceta como práctica de culto para intentar agradar a Dios. El creyente no tiene porqué someterse a ninguna práctica religiosa externa ni ritual para lograr agradar al Señor, sino identificarse con la muerte de Jesús y vivir para Dios en su nueva vida resucitada.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
NO A LA VIOLENCIA (PARTE 2)
S. Mateo 11:12 RVR1960
"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan."
Los violentos encarcelaron a Juan el Bautista y le cortaron la cabeza. A Jesús lo persiguieron y procuraban matarle, hasta que finalmente lo consiguieron. Los discípulos también fueron perseguidos, encarcelados y violentados. La Iglesia de primer siglo fue perseguida y masacrada.
Conocemos de la persecución que han padecido los creyentes a lo largo de la historia y la que aún hoy día sufren en diferentes paises.
Estimados hermanos no le demos a este pasaje el significado que no tiene. Los violentos son los que hacen violencia, los injustos, los perseguidores y maltratadores de los hijos de Dios. Y son los que se oponen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo con sus falsas doctrinas.
Los violentos son instrumentos de Satanás, son aquellos que tienen el carácter de su padre que no es otro que el diablo.
S.Juan 10:10 RVR1960
"El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia."
En este pasaje Jesús describe el carácter de falsos pastores, obreros o ministros, cuyo objetivo es hurtar, matar y destruir. Son lobos disfrazados de ovejas, demonios haciéndose pasar por ángeles de luz.
Son líderes farsantes y engañadores que se introducen en la Iglesia, para abusar, manipular, extorsionar y expoliar a los hijos de Dios.
Ellos con sus doctrinas de demonios usurpan la libertad de los hijos de Dios, exigiéndoles sumisión. Les imponen condiciones y retribuciones a los creyentes para que puedan ser bendecidos por Dios y prósperos en sus vidas.
Veamos otro pasaje donde el apóstol Pablo los describe previniendonos de ellos.
Filipenses 3:2 RVR1960
"Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo."
Los malos obreros son aquellos que usan la palabra de Dios para subyugar y manipular la conciencia de los creyentes. Ellos buscan su propio beneficio económico, posiciones de poder, y reconocimiento popular. Sacarán de los creyentes todo cuanto puedan. Y cuando ya no puedan sacar más se los comerán vivos.
Son los que condicionan el cumplimiento del mensaje de Dios y sus promesas a la generosidad y voluntad de dar de los oyentes. Predican treinta minutos, y seguidamente estarán durante una hora pidiendo, presionando, manipulando y sacando a los oyentes todo cuanto pueden.
Si ustedes se han topado con alguno, apartense de ellos cuanto antes, y no sean ingenuos, son como innotizadores que mediante sus artes engañosas consiguen finalmente lo que se proponen.
Los perros son aquellos creyentes u obreros que siempre están ladrando a los demás. Son envidiosos y codiciosos de todo lo que otros tienen. Ladran y quieren morder a los cristianos que viven libres, los menosprecian y critican.
Al Apóstol Pablo le solían merodear algunos de esos chuchos, pero de ninguna manera les hizo caso ni se sometió a ellos.
Están también los creyentes u obreros mutiladores del cuerpo. Son los que siguen dándole vigencia al antiguo pacto o ley mosaica. Son los judaizantes, los de la circuncisión.
Pablo dice de ellos, que ¡ojalá se mutilasen!
Los que siguen dando énfasis en el antiguo pacto y sus prácticas, hacen un gran daño al Reino de Dios, ni entran ellos ni dejan entrar a otros.
La Iglesia está sufriendo muchísimo en estos días por predicadores legalistas, personas que no han entrado en el reposo del Señor ni en su gracia y tampoco puede conducir al pueblo del Señor a recibir esa herencia.
Los que aún soportan el yugo de la ley viven amargados, tristes y apesadumbrados. Están bajo una culpa constante, se sienten condenados, y están en derrota.
Sólo la gracia de Cristo puede librarlos y no más exigencias. Sólo fundamentar la fe en la obra de Jesús y vivir por su poder nos puede salvar a todos.
Bendiciones para todos mis lectores.
Pedro Jurado
"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan."
Los violentos encarcelaron a Juan el Bautista y le cortaron la cabeza. A Jesús lo persiguieron y procuraban matarle, hasta que finalmente lo consiguieron. Los discípulos también fueron perseguidos, encarcelados y violentados. La Iglesia de primer siglo fue perseguida y masacrada.
Conocemos de la persecución que han padecido los creyentes a lo largo de la historia y la que aún hoy día sufren en diferentes paises.
Estimados hermanos no le demos a este pasaje el significado que no tiene. Los violentos son los que hacen violencia, los injustos, los perseguidores y maltratadores de los hijos de Dios. Y son los que se oponen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo con sus falsas doctrinas.
Los violentos son instrumentos de Satanás, son aquellos que tienen el carácter de su padre que no es otro que el diablo.
S.Juan 10:10 RVR1960
"El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia."
En este pasaje Jesús describe el carácter de falsos pastores, obreros o ministros, cuyo objetivo es hurtar, matar y destruir. Son lobos disfrazados de ovejas, demonios haciéndose pasar por ángeles de luz.
Son líderes farsantes y engañadores que se introducen en la Iglesia, para abusar, manipular, extorsionar y expoliar a los hijos de Dios.
Ellos con sus doctrinas de demonios usurpan la libertad de los hijos de Dios, exigiéndoles sumisión. Les imponen condiciones y retribuciones a los creyentes para que puedan ser bendecidos por Dios y prósperos en sus vidas.
Veamos otro pasaje donde el apóstol Pablo los describe previniendonos de ellos.
Filipenses 3:2 RVR1960
"Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo."
Los malos obreros son aquellos que usan la palabra de Dios para subyugar y manipular la conciencia de los creyentes. Ellos buscan su propio beneficio económico, posiciones de poder, y reconocimiento popular. Sacarán de los creyentes todo cuanto puedan. Y cuando ya no puedan sacar más se los comerán vivos.
Son los que condicionan el cumplimiento del mensaje de Dios y sus promesas a la generosidad y voluntad de dar de los oyentes. Predican treinta minutos, y seguidamente estarán durante una hora pidiendo, presionando, manipulando y sacando a los oyentes todo cuanto pueden.
Si ustedes se han topado con alguno, apartense de ellos cuanto antes, y no sean ingenuos, son como innotizadores que mediante sus artes engañosas consiguen finalmente lo que se proponen.
Los perros son aquellos creyentes u obreros que siempre están ladrando a los demás. Son envidiosos y codiciosos de todo lo que otros tienen. Ladran y quieren morder a los cristianos que viven libres, los menosprecian y critican.
Al Apóstol Pablo le solían merodear algunos de esos chuchos, pero de ninguna manera les hizo caso ni se sometió a ellos.
Están también los creyentes u obreros mutiladores del cuerpo. Son los que siguen dándole vigencia al antiguo pacto o ley mosaica. Son los judaizantes, los de la circuncisión.
Pablo dice de ellos, que ¡ojalá se mutilasen!
Los que siguen dando énfasis en el antiguo pacto y sus prácticas, hacen un gran daño al Reino de Dios, ni entran ellos ni dejan entrar a otros.
La Iglesia está sufriendo muchísimo en estos días por predicadores legalistas, personas que no han entrado en el reposo del Señor ni en su gracia y tampoco puede conducir al pueblo del Señor a recibir esa herencia.
Los que aún soportan el yugo de la ley viven amargados, tristes y apesadumbrados. Están bajo una culpa constante, se sienten condenados, y están en derrota.
Sólo la gracia de Cristo puede librarlos y no más exigencias. Sólo fundamentar la fe en la obra de Jesús y vivir por su poder nos puede salvar a todos.
Bendiciones para todos mis lectores.
Pedro Jurado
martes, 30 de diciembre de 2014
NO A LA VIOLENCIA
S. Mateo 11:12 RVR1960
"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan."
Por mucho tiempo he tenido mis dudas respecto a la interpretación que ingente multitud de creyentes y predicadores han dado a este pasaje, dando al evangelio un caracter gerrillero y belicista. El reino de Dios, la vida espiritual, sus promesas y riquezas espirituales, no se pueden obtener jamás con violencia de ningun tipo de género.
En la edad media los cruzados pensaban que el reino de Dios que se ubicaba en Jerusalén, la ciudad santa, había que conquistarlo a fuerza de guerras con espadas. En el santo oficio (que no se lo que tenía de santo) o inquisición pensaban que era por fuerza, con torturas y mediante autos de fe que los herejes debían creer en Jesucristo y convertise.
Hoy multitud de creyentes piensan erroneamente que van a avanzar en las cosas de Dios con una actitud exigente, batallando, pataleando, decretando e imponiendo su voluntad religiosa carnal al Señor.
Los musulmanes creen que haciendo lo que ellos llaman la guerra santa entrarán en el reino de los cielos, y por esa razón asesinan, se suicidan y matan a los que tienen diferentes creencias a las de ellos.
Santiago 4:1-3 RVR1960
"¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites."
El combate, la gerra, los enfrentamientos, la violencia, nada de eso tiene que ver con el reino de Dios. Ni Él va a permitir que nadie con actitudes beligerantes siquiera pise las fronteras de su reino.
Los violentos a los que Jesús se estaba refiriendo en este pasaje eran los religiosos judios, los escribas, los fariseos, los sacerdotes e instituciones de la nación, que cuando él apareció predicando el evangelio del reino se le opusierón y le hicieron la guerra. Todos ellos se juntaron para hacer violencia, contradecir, arrebatar y destruir al Señor.
Salmos 2:1-3 RVR1960
"¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas." (Comparar con Hechos 4:24-30)
Los violentos son los que persiguen a los hijos del reino, es decir, a aquellos que creen en Dios y han nacido de nuevo en el Espíritu. Pablo era un violento antes de convertirse, porque el perseguía a la iglesia del Señor por todo lugar, y arrebataba a los creyentes para que fuesen juzgados, encarcelados y muertos.
En ninguna manera Jesús se está refiriendo a que su reino se obtiene o posee con violencia. El Reino de Dios se alcanza sólo con fe y arrepentimiento. Esto es todo lo contrario a una actitud guerrillera, es humildad y rendición al Señorío de Jesucristo.
Observen como el significado que tiene el pasaje se hace claro en estas otras traducciones.
San Mateo 11:12 DHH
"Desde que vino Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los que usan la fuerza pretenden acabar con él."
Mateo 11:12 LBLA
"Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza."
La violencia no es ninguna virtud cristiana, es un pecado que está totalmente en contra del caracter de Dios y el Espíritu Santo.
El verbo arrebatar es el mismo que aparece en este pasaje de Juan que cito a continuación, y está relacionado con destrucción.
S.Juan 10:12 RVR1960
"Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa."
Los violentos no son hijos de Dios, sino los pacificadores serán llamados hijos de Dios, y ellos son los que heredarán la tierra. Los violentos son la cizaña que siembra el enemigo de Dios, el trigo son los hijos de Dios y del reino de los cielos.
¿Entonces, los creyentes no están en guerra espiritual? Por supuesto que sí, contra enemigos espirituales, contra las tinieblas del pecado y la injusticia. No luchamos contra las personas, ni con armas físicas, ni con nuestras propias fuerzas, sino con las armas de la luz que Dios nos ha provisto. Luchamos por medio del Espíritu de Dios y con los medios espirituales que él nos ha provisto.
2 Corintios 10:3-6 RVR1960
"Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta."
Romanos 13:12-14 RVR1960
"La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne."
Efesios 6:10-18 RVR1960
"Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;"
Si entendemos bien la vida espiritual y los principios del reino de Dios, veremos que es Dios el que pelea por nosotros las batallas, es por su gracia que seremos más que vencedores. Es el gobierno espiritual de Dios y el señorío de Jesucristo lo que debe poseernos y dominarnos. Y esto lo hace mediante una conquista de paz, de amor y de justicia, por medio de la fe en la obra de Jesús.
"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan."
Por mucho tiempo he tenido mis dudas respecto a la interpretación que ingente multitud de creyentes y predicadores han dado a este pasaje, dando al evangelio un caracter gerrillero y belicista. El reino de Dios, la vida espiritual, sus promesas y riquezas espirituales, no se pueden obtener jamás con violencia de ningun tipo de género.
En la edad media los cruzados pensaban que el reino de Dios que se ubicaba en Jerusalén, la ciudad santa, había que conquistarlo a fuerza de guerras con espadas. En el santo oficio (que no se lo que tenía de santo) o inquisición pensaban que era por fuerza, con torturas y mediante autos de fe que los herejes debían creer en Jesucristo y convertise.
Hoy multitud de creyentes piensan erroneamente que van a avanzar en las cosas de Dios con una actitud exigente, batallando, pataleando, decretando e imponiendo su voluntad religiosa carnal al Señor.
Los musulmanes creen que haciendo lo que ellos llaman la guerra santa entrarán en el reino de los cielos, y por esa razón asesinan, se suicidan y matan a los que tienen diferentes creencias a las de ellos.
Santiago 4:1-3 RVR1960
"¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites."
El combate, la gerra, los enfrentamientos, la violencia, nada de eso tiene que ver con el reino de Dios. Ni Él va a permitir que nadie con actitudes beligerantes siquiera pise las fronteras de su reino.
Los violentos a los que Jesús se estaba refiriendo en este pasaje eran los religiosos judios, los escribas, los fariseos, los sacerdotes e instituciones de la nación, que cuando él apareció predicando el evangelio del reino se le opusierón y le hicieron la guerra. Todos ellos se juntaron para hacer violencia, contradecir, arrebatar y destruir al Señor.
Salmos 2:1-3 RVR1960
"¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas." (Comparar con Hechos 4:24-30)
Los violentos son los que persiguen a los hijos del reino, es decir, a aquellos que creen en Dios y han nacido de nuevo en el Espíritu. Pablo era un violento antes de convertirse, porque el perseguía a la iglesia del Señor por todo lugar, y arrebataba a los creyentes para que fuesen juzgados, encarcelados y muertos.
En ninguna manera Jesús se está refiriendo a que su reino se obtiene o posee con violencia. El Reino de Dios se alcanza sólo con fe y arrepentimiento. Esto es todo lo contrario a una actitud guerrillera, es humildad y rendición al Señorío de Jesucristo.
Observen como el significado que tiene el pasaje se hace claro en estas otras traducciones.
San Mateo 11:12 DHH
"Desde que vino Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los que usan la fuerza pretenden acabar con él."
Mateo 11:12 LBLA
"Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza."
La violencia no es ninguna virtud cristiana, es un pecado que está totalmente en contra del caracter de Dios y el Espíritu Santo.
El verbo arrebatar es el mismo que aparece en este pasaje de Juan que cito a continuación, y está relacionado con destrucción.
S.Juan 10:12 RVR1960
"Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa."
Los violentos no son hijos de Dios, sino los pacificadores serán llamados hijos de Dios, y ellos son los que heredarán la tierra. Los violentos son la cizaña que siembra el enemigo de Dios, el trigo son los hijos de Dios y del reino de los cielos.
¿Entonces, los creyentes no están en guerra espiritual? Por supuesto que sí, contra enemigos espirituales, contra las tinieblas del pecado y la injusticia. No luchamos contra las personas, ni con armas físicas, ni con nuestras propias fuerzas, sino con las armas de la luz que Dios nos ha provisto. Luchamos por medio del Espíritu de Dios y con los medios espirituales que él nos ha provisto.
2 Corintios 10:3-6 RVR1960
"Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta."
Romanos 13:12-14 RVR1960
"La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne."
Efesios 6:10-18 RVR1960
"Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;"
Si entendemos bien la vida espiritual y los principios del reino de Dios, veremos que es Dios el que pelea por nosotros las batallas, es por su gracia que seremos más que vencedores. Es el gobierno espiritual de Dios y el señorío de Jesucristo lo que debe poseernos y dominarnos. Y esto lo hace mediante una conquista de paz, de amor y de justicia, por medio de la fe en la obra de Jesús.
martes, 23 de diciembre de 2014
LA REVELACIÓN Y LA GRACIA
Es imposible descubrir la gracia de Dios si no es por revelación, y viceversa.
Hay quienes opinan que ya no hay revelación, que con la manifestación de Jesucristo y el mensaje apostólico de primer siglo se terminó todo cuanto Dios tenía que decir.
Sin embargo, no es eso lo que nos enseñan las escrituras por medio de las palabras de Jesús y los escritos apostólicos.
Aún lo que fue dicho y escrito por revelación como doctrina cristiana es necesario que les sea revelado a los hombres por medio del Espíritu de forma particular, de manera que sepan como llevar a la práctica toda la enseñanza y obra del Señor.
El conocimiento que la mente natural puede concebir de la verdad espiritual de Dios es ínfimo, por no decir nulo, se hace necesaria la intervención de Dios mediante su gracia por medio del Espíritu.
1 Corintios 2:14 RVR1960
"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente."
La revelación es el medio a través del cual el Señor nos muestra su gracia o provisión. Es la revelación de la verdad por medio del Espíritu que nos hace conocer todo cuanto el Señor nos ha concedido.
La religión y conocimiento teológico sin revelación carecerá de gracia, y sin gracia no habrá poder espiritual.
De manera que la revelación de Dios y la gracia trabajan juntas en la vida de los creyentes y son inseparables. No hay revelación pequeña, toda es sobrenatural y procedente del Espíritu, es la sabiduría que viene de arriba; cualquier creyente que ama a Dios puede recibir la revelación y sabiduría que viene del Señor.
El Señor ha dado su Espíritu a cada creyente, y con él la capacidad para descubrir todo lo que les ha sido concedido como herencia; para que por medio de la revelación y la gracia sepan comprender el alcance de la obra de Cristo y saber como recibirlo todo y aplicarlo en la experiencia.
1 Corintios 2:12-13 RVR1960
"Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual."
Ahora bien, la revelación debemos procesarla por medio de la meditación y reflexión, para que ésta llegue a iluminar todo nuestro ser, y a formar parte de él. De esa forma iremos progresando en el Señor y creceremos tanto en revelación como en gracia. Lo que quiero decir, es que el Señor nos irá aumentando la revelación y la gracia a medida que nos apropiamos progresivamente lo que nos va dando, aunque al principio nos parezca muy poquito. Nunca menosprecie una revelación de Dios, o una palabra Suya, por muy insignificante que le parezca al principio, retengala, reflexione en ella y descubrirá como le abre las puertas a nuevos tesoros espirituales.
Hay quienes opinan que ya no hay revelación, que con la manifestación de Jesucristo y el mensaje apostólico de primer siglo se terminó todo cuanto Dios tenía que decir.
Sin embargo, no es eso lo que nos enseñan las escrituras por medio de las palabras de Jesús y los escritos apostólicos.
Aún lo que fue dicho y escrito por revelación como doctrina cristiana es necesario que les sea revelado a los hombres por medio del Espíritu de forma particular, de manera que sepan como llevar a la práctica toda la enseñanza y obra del Señor.
El conocimiento que la mente natural puede concebir de la verdad espiritual de Dios es ínfimo, por no decir nulo, se hace necesaria la intervención de Dios mediante su gracia por medio del Espíritu.
1 Corintios 2:14 RVR1960
"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente."
La revelación es el medio a través del cual el Señor nos muestra su gracia o provisión. Es la revelación de la verdad por medio del Espíritu que nos hace conocer todo cuanto el Señor nos ha concedido.
La religión y conocimiento teológico sin revelación carecerá de gracia, y sin gracia no habrá poder espiritual.
De manera que la revelación de Dios y la gracia trabajan juntas en la vida de los creyentes y son inseparables. No hay revelación pequeña, toda es sobrenatural y procedente del Espíritu, es la sabiduría que viene de arriba; cualquier creyente que ama a Dios puede recibir la revelación y sabiduría que viene del Señor.
El Señor ha dado su Espíritu a cada creyente, y con él la capacidad para descubrir todo lo que les ha sido concedido como herencia; para que por medio de la revelación y la gracia sepan comprender el alcance de la obra de Cristo y saber como recibirlo todo y aplicarlo en la experiencia.
1 Corintios 2:12-13 RVR1960
"Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual."
Ahora bien, la revelación debemos procesarla por medio de la meditación y reflexión, para que ésta llegue a iluminar todo nuestro ser, y a formar parte de él. De esa forma iremos progresando en el Señor y creceremos tanto en revelación como en gracia. Lo que quiero decir, es que el Señor nos irá aumentando la revelación y la gracia a medida que nos apropiamos progresivamente lo que nos va dando, aunque al principio nos parezca muy poquito. Nunca menosprecie una revelación de Dios, o una palabra Suya, por muy insignificante que le parezca al principio, retengala, reflexione en ella y descubrirá como le abre las puertas a nuevos tesoros espirituales.
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