martes, 18 de febrero de 2014

DERRIBANDO ARGUMENTOS

2 Corintios 10:3-6 RVR60
"Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta."

Antes de ser creyentes en Jesucristo teníamos nuestros propios ideales, teorias, argumentos, pensamientos, creencias y principios. Muchos nos aferrabamos a lo poquito que teníamos o habíamos aprendido como a un clavo ardiendo. Al descubrir la verdad en Jesús comprendimos muchos de los errores en los que estabamos posicionados, nos dimos cuenta de que nuestros pensamientos no concordaban con los de Dios, y que a causa de tantas mentiras que teníamos metidas en nuestras cabezas nuestras vidas eran un rotundo fracaso.

Aunque seamos creyentes, no crean ustedes que el proceso de cambio se terminó cuando recibimos a Cristo en nuestros corazones como nuestro salvador. Aún tenemos que enfrentar batallas, todavía tenemos que lidiar con nuestros propios pensamientos, con argumentos que se levantan y con ideas contrarias a la mente del Señor. Muy especialmente tendremos que superar y vencer ideales religiosos, mentiras espirituales, paradigmas equivocados y creencias erroneas.

Fijense ustedes hasta que punto podemos estar engañados, que podemos creer que tenemos luz y que estamos viendo, pero sin embargo esa luz que tenemos sean tinieblas. O como dice el apóstol Pablo, podemos imaginar que sabemos algo, y sin embargo, no saberlo como deberíamos.

S. Lucas 11:35 RVR60
"Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas."

1 Corintios 8:2 RVR60
"Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo."

Bueno, esto es un aviso, para que vayamos con cuidado, o como se suele decir en mi tierra "con pies de plomo".

Los creyentes partimos de una premisa que es muy importante que siempre tengamos en cuenta, y es que "todo el ser del hombre está corrompido por el pecado" el cuerpo, la mente, y el alma en su totalidad. Si bien, hemos sido hechos nuevas criaturas en Cristo Jesús, esto significa que hemos nacido del Espíritu y somos un nuevo hombre o mujer en Él. Dios nos ha hecho participantes de su naturaleza divina por medio de sus promesas.

El viejo hombre ha sido crucificado juntamente con Cristo, en la obra de la cruz todo nuestro ser pecador, el cuerpo de pecado fue destruido, es decir que fue desactivado, desconectado, para que ya no seamos dominados por el pecado.

La cruz es la arma más poderosa que Dios a entregado a su pueblo, es la artillería pesada. Pero no es para que vayamos por ahí crucificando a todo el mundo, entiendanme, sino para que cada uno se identifique con esa cruz y muera en ella.

Los argumentos carnales y la altivez del alma no pueden ser vencidas sino por la Cruz de Cristo.

No es el conocimiento bíblico, ni siquiera el sustituir nuestros propios pensamientos por los que son de Dios lo que nos otorgará la victoria.
Es sólo cuando la verdad obra en lo íntimo de nuestro ser; es cuando la palabra entra como una espada en lo más profundo y corta, y divide, y separa el alma del espíritu, es entonces cuando se obra el milagro.

Muchos tienen tanta teología en su cabeza y son tan religiosos, han abrazado tantas doctrinas, que la verdad poderosa de la cruz no les hace ningún efecto.

Cuando alguien está encerrado en sus propias fortalezas que se ha construido; y créanme que todos y cada uno de los creyentes tienen alguna fortaleza donde están refugiados y se sienten a salvo. Pero son fortalezas carnales, son los castillos que ellos mismos se han construido, por supuesto con la ayudita del diablo. Pueden ser creencias, paradigmas y argumentos religiosos que parecen muy espirituales; pero son mentiras y son ideales provenientes de actitudes e intenciones altivas y orgullosas.

Las fortalezas y argumentos altivos son todas aquellas cosas que se han levantado en nuestras vidas y que constituyen verdaderos obstáculos para conocer a Dios.

Es la aceptación, sumisión y obediencia a la voluntad de Dios el único camino que nos conduce a la victoria.

"llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta."

Jesús dijo que nadie podía entrar en la casa del hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no le ata. El hombre fuerte, aunque nos gusta pensar que es el diablo, pero no es así; es el viejo hombre al cual estamos ligado desde que nacimos. Satanás se alía con el viejo hombre, con la carne, y ambos construyen las fortalezas en las que somos encerrados.

La única forma de vencer y derrocar al viejo hombre es por la Cruz de Cristo, es decir, tomando nuestra posición en ella. Una vez realizado este hecho todo el botín de una vida abundante y de victoria será nuestro. Satanás habrá perdido a su aliado principal, ¡Gloria al Señor! Las fortalezas, los argumentos, las falsedades, la religiosidad y las altiveces irán cayendo.

Me atrevería a decir que la espada de la palabra y la cruz tienen una misma función, nos llevan a un mismo fin que es a morir cuando somos atravesados por ambas para que la vida de Dios pueda fluir a través de nosotros. Nunca debemos desprendernos ni separanos de la cruz ni de la palabra.

Toda actividad del viejo hombre cesa en el momento en que atravesamos la cruz y nos sabemos y consideramos muertos en ella. Les puedo asegurar que eso funciona.

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